Hace medio siglo Aucán llegaba a Bahía Blanca con su canto al sí
Antes que termine el año, quisiera compartirles una nota que quedó pendiente por carecer de testimonios, y hace alusión al desembarco de Aucán el viernes 23 de mayo de 1975 a la ciudad de Bahía Blanca. Como siempre, aparecen archivos que nos acercan a aquellos días y no mucho más.
Hace 50 años, los hermanos Miguel y
Eugenio Pérez, quienes desde 1970 venían embarcados en uno de los dúos
acústicos más recordados de la música popular argentina (Miguel y Eugenio),
llegaban a la Biblioteca Bernardino Rivadavia para presentar Aucán -una
agrupación de folk argentino latinoamericano que dejó su huella con tan solo
dos discos y decenas de conciertos, como éste que hoy revisitamos- junto a sus
hermanos menores, Pablo y Diego Pérez.
“La luz del sol no se
pierde aunque las nubes las cierren,y crecen las hojas verdes donde las sombras
no quieren… Por eso canto al sí que trae tu aliento, contra tanto lo que afina
mi movimiento (...)”. Canto al sí (Aucán, 1977).
El fragmento de la canción “Canto al sí”
del primer disco de Aucán, refleja muy bien dónde se situaba el folk argentino
de los setenta. “La capacidad y lucidez para pensar en que teníamos una música
argentina fue madurando hasta sentirla como nuestra, sin por ello dejar de
gustar de la música de King Crimson, Led Zeppelin o Jethro Tull. Pero, aunque
se guste de esos grupos, es lógico reconocer que eso les pertenece a ellos y
que nosotros podemos hacer una música propia (...). Esto es propio de una
corriente musical que se mueve, es un movimiento (...)”. De esta manera, Miguel
Pérez le contestaba al cronista de la revista Pelo (pág. 30 revista Pelo N° 98)
al ser consultado sobre si el rock argentino estaba superando los prejuicios
que años atrás le impedían rastrear en la música propia. Porque claro, como
ocurrió siempre, había bandas que iban por otro camino, otras composiciones,
estilos e influencias… más duros por decirlo de alguna manera. Agrupaciones
que, en el afán de pararse sobre una única vereda y de esa construcción de un
“nosotros” sobre un “otros”, lanzaban chicanas e improperios a las demás
corrientes como el clásico “vinieron a ablandar la milanesa”.
Marketing o manifiesto, lo cierto es que
el rock en el que hacían pie Pappo´s Blues y Billy Bond y la pesada del rock
and roll, no tenía mucho que ver con el viaje de las bandas acústicas o folks
locales, que venían prendidas a lo que quince años atrás habían acercado Woody
Guthrie y
Pete Seeger y la continuidad con Joan Baez y Bob Dylan. El mismo Dylan al que
llamaron Judas por electrificar el género y unirse con una gran plasticola a lo
que el mundo asistía con la revolución Beatle.
Entre esas bandas folks de acá, Aucán
fue una que duró tan solo seis años, con la particularidad de que sus
integrantes eran todos hermanos. Me refiero a Miguel Eugenio Pérez (guitarras
eléctrica y española, vientos y voz), Eugenio José Pérez (teclados, guitarra de
12 cuerdas, charango y voz), Pablo Pérez (bajo, teclados, violoncello y voz) y
Diego Pérez (Batería y percusión). Y decíamos que este grupo fue consecuencia
del dúo Miguel y Eugenio, quienes se animaron a ponerle voz y poesía a una
época que venía con sello rockero, y se abrieron camino en festivales como el
B.A. Rock del 71, el Acusticazo del 72 o el festival del Triunfo Peronista en
marzo de 1973 en cancha de Argentinos Juniors, que se suspendió luego de una
lluvia torrencial que empañó la fiesta o, mejor dicho,
impidió lo que quizá hubiera terminado en tragedia.
“Fui uno de los primeros
que realmente empezó a discutir que el rock ‘nacional’ tenía que ser argentino,
porque había muchas bandas, inclusive algunos músicos ya consagrados, que
choreaban de lo que venía de afuera, sea inglés o estadounidense. Y nosotros
estábamos en un movimiento que no llegó a mayores, pero sí nos reuníamos con
los Jaivas de Chile, con Santaolalla y con León Gieco, con los que teníamos un
concepto de que éramos rockeros pero para pintar la aldea. También había otro
rock que no concebía esa idea, llámese Pappo o Billy Bond, y lo digo sin
desmerecer a nadie eh. Nosotros habíamos empezado a explicitar la idea de un
rock joven y de acá”, sostuvo Miguel Pérez en una entrevista que le realicé en
mayo de 2016 (https://politicaymedios.com.ar/nota/8581/yuelze-la-musica-debe-cumplir-una-funcion-social/).
Miguel y Eugenio habían estado dos veces en Bahía en el teatro Municipal durante 1973, el 24 de marzo junto a León Gieco y Raúl Porchetto y el 14 de agosto con Raúl Porchetto, dejando buenas impresiones de lo que realmente significaba la canción acústica. Pero la llegada de Aucán era otra cosa, eran ellos solos con dos de sus integrantes muy jóvenes y con poca experiencia, presentándose por primera vez y lejos de casa. Sumémosle que continuaron el camino de la autogestión lograda años atrás en los viajes en auto y contratos descontracturados.
La
banda editó solo dos discos
Aucán
(1977) https://www.youtube.com/watch?v=rxvcXuxzRiA&list=RDrxvcXuxzRiA&start_radio=1
Brotes
del alba (1980) https://www.youtube.com/watch?v=iFM_WsKy3MM&list=RDiFM_WsKy3MM&start_radio=1
50 años después, muchos todavía bregan
por sacarle punta a esa grieta entre lo que es y lo que no es rock, y la verdad
que si uno se deja llevar por lo netamente sonoro, caerá en la cuenta de que
Aucán no hacía pie en la pileta rockera. Pero la actitud de pintar la aldea
dentro de un movimiento amplísimo, la convertía en un colectivo con una fuerza
inusitada que empujaba junto a otras agrupaciones y solistas del género folk.
Por ese motivo, en la actualidad se sigue escuchando que León y Porchetto son
rockeros, que Santaolalla, pese a ese documental donde primó más lo mexicano,
también fue y es considerado como un rocker.
Quizá nos deberíamos volver a preguntar
qué es el rock- el kcor al revés dijo una vez el magnífico Luca Prodan-, un
término que geográficamente es una mixtura entre el blues del algodonal del
Mississippi, el secuestro de los spirituals, el country folk sureño de Estados
Unidos, el San Francisco psicodélico de mediados de los 60 y los cruces
interminables del otro lado del océano con el Merseybeat y saraza.
Y no nos olvidemos que lo afro se
impregnó en todo el continente, y por eso hemos asistido a las mixturas con lo
andino y el candombe, corrientes que han mutado y forman parte de la inmensa
paleta de la aldea rockera ¡Vamos che! ¿O acaso los Saicos y los Destellos no
tienen ese surf rock que choca con el Perú originario? ¿Acaso El Kinto y los
Fattorusso no tienen ese candombe beat rioplatense pero suenan verdaderamente
rock?
Ni que hablar de esa pelotudez de seguir
preguntándonos desde cuándo el rock es rock ¿Alan Fredd, Ike Turner y saraza?
Lo mismo acá… ¡No empezamos con la Balsa papu! ¿Y Eddie Pequenino, Johnny
Allon, Johnny Tedesco y Sandro y el Black Combo? Sin toda esa previa, no
hubieran venido los Moris, Billy Bond, Javier Martínez, etc. Y ojo que la misma
revista que le daba una gran mano a los grupos folks, era la misma que
realizaba una caza de brujas contra algunos rockers y trataba de música
complaciente a artistas como Carlos Bisso y su conexión N°5, quien fuera
desplazado de la historia.
SIEMPRE LAS ETIQUETAS POR ENCIMA
¡BASTA!
Sé que me van a putear los del rock
progresivo, los del folk, los del rock más duro y más para acá el punk y el
heavy. Pero sin lugar a duda, el embudo musical es donde el colectivo artístico
tendría que hacerse fuerte para lograr su objetivo primordial: producir
conciencia.
Las etiquetas y los encasillamientos
solo hacen explotar en diferentes partículas esa fuerza que debería ser una
sola, porque si van separadas, solo atentan y debilitan ese rol fundamental.
Entonces, en vez de estar perdiendo el tiempo en encasillar y señalar fríamente
“esto es o no es rock”, miremos lo que las nuevas generaciones están haciendo.
Porque, no sé si se percataron, pero el piberío va liviano sin temor a
pertenecer a un lado o al otro. Como el caso de Ca7riel y Paco Amoroso, quienes
componen y tocan sin ningún temor a estar con un pie acá y un pie allá. Muchos
cuestionan si lo que hacen es rock o no. ¿Importa? No mucho… sólo miremos lo
que está pasando, y por más que se cuestione si tienen más o menos armonía u
orquestaciones, me parece que van mucho más libres.
Hagámonos cargo de que estamos viejos y
añoramos lo analógico, odiamos la música comprimida y que el algoritmo le
impregna a tus hijxs lo que para vos es bazofia. Quizá sea la ley de la vida,
pero no está bueno asemejarse al pelandrún de tu abuelo que le decía a tu viejo
o vieja “eso no es música”. O peor, se te enojaban cuando ponías Piazzolla y te
regañaban al grito de “sacá eso que no es tango”. Y claro señor, claro señora,
el tipo era el futuro mismo.
Menos mal que siempre tendremos a mano
esta hermosa frase del flaquito: “no todo tiempo por pasado fue mejor, mañana
es mejor”,
“Si hacen futuro tus manos toman sentido las flores
(...)”. AUCÁN
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