Rock con los tapones de punta
Acabo de terminar mi primer libro sobre la historia del rock de Punta Alta y todo Coronel Rosales, que llevará como título “Rock con los tapones de punta”. Historias donde conviven las primeras orquestas que nacieron en 1955 al fragor del rock & roll, el twist y luego el beat, en bailes, carnavales, cantinas, casorios y cumpleaños. Esas que entre 1968 y unos cuantos años después aprovecharon las visitas de Sandro, Los Gatos, el Trío Galleta, La Barra de Chocolate y otros artistas que consiguió llevar Marroco García a la sede del club Rosario Puerto Belgrano. Y también, aquellas que a principios de los años setenta se forjaron junto al incipiente movimiento del rock, en un período entre dictaduras y un estado de ingobernabilidad constante. Asimismo, aparecen bandas que transitaron los primeros años ochenta con la vuelta de la democracia, las que luego se formaron en el contexto híperinflacionario del ’89 y las que se moldearon en épocas del desmantelamiento que generó el menemismo, sobre todo en géneros que van del punk al hardcore, el metal y el thrash metal, entre otros. Y obvio que aparecerá el eco del mestizaje musical que ha procreado los noventas y lo que va de este siglo XXI tan rico, como así también todo ese rock & blues y subgéneros que proliferaron a la luz de las fusiones en los diferentes períodos.
Un trabajo colectivo de recopilación histórica que analiza el contexto político, social, económico y cultural de un período que va desde 1955 a la actualidad (en este primer texto hasta 1999). Un ejercicio obligatorio para comprender los estallidos e identificaciones culturales de una ciudad por dónde se paseó libremente Alfredo Astiz y donde muchos de los hijos e hijas de militares que hoy están siendo juzgados por crímenes de lesa humanidad, fueron los que acercaron el rock a varios y varias puntaltenses. Un combo contextual que debe estar presente y que hace al acervo histórico de esta ciudad en la que hace 190 años Charles Darwin se inspiró para proclamar la teoría de la evolución.
El prólogo está a cargo del colega Víctor Tapia. Los capítulos cuentan con historias, no sólo locales y zonales como las vividas en Bahía Blanca, sino también con relatos sobre visitas de artistas de renombre que, en muchos casos, pude reconstruir y dar a conocer por primera vez, siempre relacionadas con la música y el contexto militar. Estos anecdotarios son incluidos en un anexo aparte, una especie de ‘elige tu propia aventura’, a los cuales el lector puede adelantarse y seguir profundizando dicha historia. Asimismo, es un libro con mucho archivo fotográfico, por lo que he decidido implementar el código QR como salvador de páginas-porque sería extensísimo incluir a todas las fotos en el ejemplar- que automáticamente al linkearlo, te redireccionará a una página landing donde el lector/a podrá bucear en un carrusel fotográfico, escuchar grabaciones y hasta ver videos que contextualicen las historias.
Es necesario resaltar que dicha investigación no me pertenece a mí por haberla ideado y escrito, sino que ya es de los y las rosaleñas. Y con seguridad, servirá para la problematización e historización cultural, educativa y material de archivo del distrito y la Provincia de Buenos Aires. Además, estoy convencido que hacer hincapié en historias rockeras-culturales de una ciudad del mal llamado interior es una osadía, porque rompe con el cerco porteñocentrista que siempre ha pecado de contar con la verdad absoluta, la que intenta iluminar al resto. En este caso, acercaremos nuestra historia “periférica” al “centro” y quien quiera oir, que oiga, quien quiera leer, que lea.
Que buena noticia Javier ! Para cuándo la presentación en Punta Alta ?!
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